DANZA DE TIJERAS
Durante más de 500 años, el estruendoso sonido de la Danza de Tijeras ha resonado en las montañas de los Andes. Llamada así por el par de varillas de hierro que cada danzante blande en su mano derecha, la danza de las tijeras es realizada tradicionalmente por hombres de pueblos quechuas en el centro sur del Perú.
Este baile tradicional quechua, tanto una actuación artística como una celebración religiosa, representa una danza de los espíritus de las divinidades andinas de la época incaica. Aunque sus orígenes son inciertos, la danza evolucionó en los departamentos actuales de Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Arequipa y Lima.
Los danzantes de tijeras descienden de los tusuq laykas que eran sacerdotes, adivinos, brujos y curanderos prehispánicos. Que durante la etapa colonial son conocidos como hijos del diablo.
El origen de la danza es incierto. No obstante, algunos creen que fue creada en reacción contra el colonialismo y la represión de los ideales indígenas. Durante el año 1500, los bailarines fueron perseguidos por los cristianos porque se creía que la danza era una manifestación de la magia oscura. Los artistas fueron considerados supaypa guagua –hijos del diablo– que se negaron a disipar sus antiguas prácticas e hicieron un pacto con el demonio para obtener tales habilidades. Aunque el baile ahora se acepta y se practica en las celebraciones cristianas.
Después de que la Iglesia católica fracasara en erradicar las creencias indígenas andinas, esta aceptó la integración de estas prácticas en la sociedad colonial con la condición de que los bailarines participen en el calendario católico. De esta manera, los ritos cristianos en las comunidades andinas se fusionaron con las prácticas indígenas tradicionales. Los nuevos instrumentos de cuerda se agregaron al ritual, así como algunos pasos de baile y trajes tradicionales españoles.
Las vestimentas de estos danzantes esta compuesta de quince indumentarios. Cada prenda tiene un significado muy importante a relación del Mundo Mágico a los Apus Wamanis -Dios Andino- ya sea en colores, bordados, símbolos, entre otros más. Los conocimientos físicos y espirituales implícitos en la danza se transmiten oralmente de maestros a alumnos, y cada cuadrilla de bailarines y músicos constituye un motivo de orgullo para los pueblos de los que provienen.
La Danza de Tijeras se expresa como una competencia y su ejecución coincide con fases importantes del calendario agrícola. Actualmente, este festejo se asocia con el niño Jesús y generalmente se realiza al comienzo de las fiestas de Navidad, durante el Año Nuevo y en la Epifanía (6 de enero). Esto coincide con la celebración indígena del solsticio de verano y el gran festival inca del Inti (el Sol). Además de presentarse en fiestas patronales, y durante las vacaciones, el baile es una característica de los festivales tradicionales vinculados a las prácticas agrícolas indígenas andinas, como el riego, la siembra, la cosecha y el esquileo de las llamas.
No obstante, en el 2017, el 16 de noviembre se declaró como Día Nacional de la Danza de Tijeras. Dicha iniciativa busca ser un merecido homenaje a la herencia andina y a los bailarines que practican esta danza ancestral.
Ídem a finales de la década de 1960, la danza se convirtió en uno de los símbolos artísticos más significativos y representativos de la herencia cultural de los Andes peruanos. En 2010, la UNESCO la agregó a la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad debido al conocimiento físico y espiritual que se transmite oralmente de generación en generación a través de los danzantes.

Uwu
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